declaracion profesoras

La doble moral del «feminismo» contrarrevolucionario queda una vez más en evidencia cuando apreciamos la declaración de las profesoras de la Universidad de Guanajuato. Mónica Baró ha dicho que les cree a las diecisiete muchachas víctimas de violencia de género, del caso de acoso que involucró a Armando Chaguaceda y otros profesores en la Universidad de Guanajuato. Sin embargo, a reglón seguido resalta que la propia institución académica no publicó la lista de los sancionados, ni el registro de esos expedientes con el fallo final.

Además, Baró, quien ha inculpado a hombres en Cuba, en redes y medios sin que mediara proceso penal alguno o sentencia; dice que, al no existir contra Chaguaceda un expediente en la sala de lo penal por el tema de violencia de género, eso lo hace inocente o solo merecedor de señalamientos menores. Entonces, Mónica dice creerles a las mujeres, pero luego se desmiente. Cree en su camarada de armas, al que idolatra. De él habla maravillas en las redes sociales y con él integra proyectos en torno al género y la mal llamada transición democrática.

Doble rasero moral en los análisis del «feminismo» contrarrevolucionario

Es curioso que Sandra Álvarez Ramírez, quien también ha linchado a hombres cubanos sin pruebas, sin que mediara ninguna sanción o proceso abierto en lo penal, use los mismos argumentos para salvar la honrilla de Chaguaceda. La NEDgra cita el caso de cierto profesor de Harvard que visitó Cuba, a quien se le aplicaron sanciones administrativas en su universidad. Para ella, esa equivalencia ya elimina todo tipo de doble moral y culpa al oportunismo del feminismo contrarrevolucionario. Este tiene un altavoz selectivo en materia de género. Depende de si quien la “comete” es miembro de Cuba Posible o del PCC.

doble moral
Chaguaceda al servicio de la Ned

Ahora resulta que estas “feministas”, defensoras a ultranza del linchamiento Me Too, se desviven por conceptos como debido proceso penal, presunción de inocencia y proporcionalidad del derecho. Exigen pruebas para los suyos y legalidad, pero inculpan violentamente a otros en redes sociales. Sobran los ejemplos, fácilmente enumerables desde los muros y las acciones de estas personas. Conste que no solo acosan sin pruebas. También, adjudican culpa al Estado cubano, a través del sobredimensionamiento de casos específicos y la instrumentación de un falso feminismo que no tiene reparos en hacer uso de la hipocresía, la falsa moral y, con ello, mostrar la carencia de un compromiso real con las mujeres.

Obstáculos a la investigación por acoso sexual en Guanajuato

No obstante, como ya estamos acostumbrados en esta página, vayamos a los hechos y analicemos. Según reza un artículo publicado por el medio mexicano de gran alcance Sin Embargo, el 17 de agosto del 2018: “Maestras mexicanas respaldan a alumnas, dicen que la Universidad de Guanajuato debió investigar el acoso aún sin denuncia formal”.

¿Qué quiere decir esto? Obviamente, en esa institución, en cuya gestión de justicia por la igualdad de género Mónica nos quiere hacer creer a pie juntillas, no hubo debido proceso de investigación. Al contrario, se encubrió a los victimarios; o sea, se aplicó una constante obstrucción de la justicia.

La institución académica se escudaba en que no se haría un proceso mientras no hubiese queja formal. Sin embargo, las alumnas, según se destaca en el llamado de las profesoras, no lo hacían por temor a represalias. Esta situación puede traducirse como: no te hago caso hasta que denuncies y si lo haces, atente a las consecuencias para ti y tu carrera. La tremenda asimetría de poder tributa a la invisibilización de la violencia de género —lo ha planteado el propio feminismo. Si Mónica fuese consecuente lo pondría en práctica.

Profesoras mexicanas respaldan a alumnas víctimas de acoso

Tuvieron que pronunciarse las profesoras. Ellas hablaron de acoso y hostigamiento sexual en el caso de las diecisiete muchachas y, además, como una práctica generalizada en el campus. Esto va muy en contra de la trivialización que intenta realizar Guena Rod cuando habla de que solo se trató de alguna que otra frase fuera de lugar, quizás un piropo; que en el principio de proporcionalidad “no es nada” y no empaña la integridad moral del inculpado.

Pero sigamos citando la carta de las catedráticas, que se tornó viral y obtuvo la rápida adhesión de muchos otros profesores y estudiantes: “Sabemos lo difícil que es reconocerse como víctimas de estos actos, de lo desgastante que es la denuncia, lo complicado de contar evidencias y finalmente, lograr la comprobación de dichos actos, porque algunas los hemos padecido de primera mano”. Este detalle destapa que la impunidad con respecto a la violencia de género era inmensa a esas alturas. Incluso las profesoras piden nuevos protocolos de disciplina referidos al trato hacia las mujeres, pues los que había estaban desactualizados y apenas funcionaban.

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Obstrucción de la justicia, impunidad y “anestesia” institucional

Como prueba de obstrucción de la justicia, está el caso del acoso cometido por el profesor Julio César Kala a María Isabel Puente. Desde el año 2016, cuando se hizo público este hecho, no solo hubo impunidad, sino que cuando ella alzó su voz perdió relaciones laborales, estudiantiles, estuvo a punto de quedarse sin empleo y debió cambiar de residencia. Esa mujer, abogada, a raíz de su caso declaró que la UG minimiza la violencia de género y culpabiliza a las víctimas (no les cree), lo cual impacta en los procesos investigativos.

Puente declara que las autoridades conocían de este acoso desde antes, pero que tienen la mirada “anestesiada” y no quieren resolver el problema. Además, dijo que los protocolos legales vigentes entorpecen la denuncia y la acción en estos casos.

El doble estándar del feminismo extremista “a la Baró”

¿Le creeremos a Mónica, que tapa a un hombre acusado por diecisiete mujeres, o a Isabel, una abogada que desde 2016 ha visto pisoteados sus derechos y escamoteado su honor por unas autoridades que respetan todo menos el debido proceso y la atención a las víctimas; que actúan con selectividad y ceguera? El feminismo extremista no solo mide a los victimarios por el carnet ideológico, sino que asume a unas víctimas como más víctimas y más creíbles que otras.

Se intentó silenciar a las víctimas

Sobre las represalias, la Plataforma Contra la Violencia Machista de León hizo una declaración que confirmó las tentativas de silenciamiento a las víctimas y la asimetría de poder dentro del campus, por lo que se solidarizan con el empeño de las estudiantes y profesoras.

El encubrimiento de los infractores añade insulto al ultraje

Como sabemos, la Universidad no publicó la lista de los sancionados, aunque declaró que hubo un fallo legal administrativo. Teniendo en cuenta los procedimientos de obstrucción previos, es evidente que no exponer a los infractores culpables y convictos obedece a la misma lógica encubridora y obstructora de la justicia. A su vez, con este proceder, se borra de alguna manera el dolor de las mujeres. Esto equivale a algo muy denunciado en el feminismo, un claro caso de revictimización.

Detrás de la defensa a ultranza se esconde la doble moral

También notemos que, si bien no se publica la lista con el nombre de Chaguaceda, este encabezó en todo momento la enumeración de los acusados, tanto en el tribunal como en los manifiestos y cartas dentro del campus. O sea, a todos los efectos, se representaba como el principal inculpado.

Continúan los ataques selectivos según el bando ideológico

Con tantos indicios de obstrucción, de violencia, de silenciamiento, Mónica, Sandra, Guena Rod, Siro, Aylín, prefieren decir que el solo hecho de que hubiese este procedimiento ya limpia la imagen de Chaguaceda de toda culpa y tacha. El blanqueamiento evidente también soslaya los rumores que por años hubo sobre el accionar de este señor en el campus de la Universidad cubana. Allí, se le prohibió entrar a la residencia de mujeres en alguna ocasión. Nosotros no damos créditos a chismes; no obstante, ante los indicios, nos preocupamos por lo que pudo suceder en aquellas instalaciones, máxime cuando son nuestras.

Doble moral de Armando Chaguaceda acusado de acoso sexual
Armando Chaguaceda encabeza las listas de profesores señalados por acoso sexual

En tanto, los campeones del debido proceso y de la presunción de inocencia del Chagua se han extendido en “denuncias”, en sus muros de Facebook, contra dirigentes cubanos y altos cuadros, sobre todo del campo de la cultura. Todas esas difamaciones selectivas y sin pruebas no le mueven la conciencia a Mónica. De hecho, su amiga Sandra habla de “meter el Me Too en las aulas de los preuniversitarios y las secundarias”. Esto, además de ser un caos legal, un atentado al derecho y a la integridad moral de inocentes, promueve precisamente lo que ellas critican en el caso de Chaguaceda.

Denuncia legal, no intrumentación del dolor

Para que se entienda nuestro punto: no justificamos ningún tipo de violencia ni falta de derechos. Damos al tema su nivel trascendente de importancia, analizamos su dimensión y abogamos por la denuncia legal y el debido proceso. Lo que nunca haremos es instrumentalizar con una finalidad política el dolor de las mujeres, ni seremos selectivos y cínicos con esta problemática.

Finalmente, para esta gente, si eres comunista, eres culpable de ser machista y violento hasta que se demuestre lo contrario. No queremos extendernos más, debido al profundo asco que dicha actitud inmoral nos provoca.

P.D.: Sobre Karlito y su identidad, la cual ahora dicen haber localizado en España (según Siro): no se rompan más la cabeza. Hay Karlitos en Madrid, Miami, Londres, París, Canberra, Belfast, etcétera. Somos una comunidad de revolucionarios, una pequeña internacional comunista, una fraternidad. Para colmo, crece y se reproduce. En lugar de perder el tiempo con ese dilema, debieran ser más consecuentes y purgar las filas de la contrarrevolución de tanto machista con causas de violencia. Pero eso ya es pedirles mucho.

Seguimos.

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