Fernando Perez

Fernando Pérez declara en un video para AFP que ha roto con el status quo “oficialista”. Más allá de su derecho al disenso, a la crítica, el artista se desmarca de cualquier interpretación ambigua: él está francamente en el lado equivocado. Como artista de gran valía para Cuba, su opinión tiene un peso en jóvenes que siguen la obra del director de cine. En el contexto actual, cuando pasaron los disturbios del 11 de julio, los pronunciamientos de algunos en contra del gobierno se suceden, a la par que la maquinaria moledora y destructiva en contra de aquellos que osen decantarse a favor del gobierno.

Digámoslo más claro: existe un mismo frente, desde Yunior García hasta Otaola, cuya función y finalidad son las mismas, o sea desestimular la incorporación y la militancia en la izquierda revolucionaria, intimidar, frenar y disuadir. Que Pérez sea o no consciente de esto, es su problema, es lo suficiente racional para saberlo.

El director de cine habla de que no es necesario el pacto socialista y que se deberá avanzar hacia “otra cosa”, mientras que otro sale, como Yomil, y saca un video simplista y panfletario donde banaliza la historia nacional. La maquinaria de guerra cultural que los une, que los articula y los aprovecha es la misma y va desde las declaraciones y acciones de estas figuras, hasta los públicos segmentados de la realidad cubana, los consumidores, a quienes se les influencia.

Y habrá quien se escandalice por la relación entre artistas de valía y alimañas como el youtuber ex aspirante a agente, ex gogó en las salidas de Camagüey. Pero seamos conscientes de que, cuando Otaola ha linchado a artistas por, simplemente no ser contrarrevolucionarios, ninguno de los adalides de la democracia y la libertad de expresión ha dicho ni pío. Y sí, en este contexto de polarización, callar es hablar y posicionarse. No eres creíble cuando levantas una bandera solo para una verdad conveniente, tuya, individual o coyuntural. No valen las militancias ya sea de izquierda o de derecha en las cuales se apuesta por la invisibilización de fenómenos reales como que: la maquinaria macartista de Miami aplasta y persigue a los artistas disidentes o sea favorables a Cuba o al menos a un acercamiento con el pueblo cubano. Y si no, que le pregunten al largo rosario de colegas de Fernando que han padecido el odio, las amenazas, la violencia de todo tipo, el terrorismo mediático.

En ese contexto, el director de cine se desmarca pues entiende que el proceso que lo benefició y le permitió lograr su sueño profesional a partir de los 12 años, ya está muerto, no tiene sentido o al menos no vale la pena aplicarlo para otros. Hay que anotar también que tal postura la defiende reconociendo que si hoy está donde está no fue gracias a Batista, a la república de 1902 o al capitalismo. Su honestidad momentánea se diluye no obstante cuando idealiza el traspaso hacia el sistema que proponen los nucleados en torno a Archipiélago y el resto de la corriente sharpista.

Cuba vive en un constante conflicto, donde no se trata de la palabra de Fernando. La lucha va de dos visiones del universo, una que apuesta por el neoliberalismo y otra por un camino colectivo y social.

Por eso, las cortinas de humo lanzadas a través del uso de los artistas pueden dañar tanto, pues nos hacen perder la perspectiva mayor, el punto de vista real de la cuestión. Para Fernando, muy versado en cine, muy genial en sus guiones y planos, es un orgullo que los sharpistas hayan usado su obra como bandera o como máquina simbólica en contra de los que llaman dictadura de izquierdas. El orgullo de este hombre va de la mano de su falta de perspectivas globales, de su irresponsabilidad como persona influyente que es y de su indiferencia hacia el padecimiento de otros colegas suyos en el contexto macartista de las redes sociales y de la persecución.

No, hasta que Fernando no se enfrente a Otaola y sea igual de feroz y mordaz con la ultraderecha y su terrorismo, no serán creíbles ni él ni lo que dice, ni mucho menos la resonancia política que pueda generar hacia el interior de un grupo de artistas e intelectuales cuyos intereses no son precisamente la libertad de expresión, sino otros bien concretos y asentados en la corrección política que trae contratos y aperturas.

No Fernando, no eres creíble. Sí lo es tu obra.

6 comentarios en «La credibilidad de Fernando Pérez frente a la bestia macartista de Miami»
  1. Hola Karlito: Me gusta mucho tu manera de escribir, se siente tu fuerte y real compromiso con la patria, con tu pueblo. Tu preparación política y lingüística son, en mi opinión, un verdadero paradigma, no así las de Fernando por muy buenas que hayan sido sus obras como director de cine.
    Creo en lo que pueden enriquecer las opiniones diferentes, creo en el disenso, pero no creo en aquellos que manipulan y se dejan manipular. Sus obras, para mi, dejan de tener valor e inteligencia, cuando sus principios se desplazan de un lugar a otro con brincos de saltamontes, su lógica y la de sus obras deja de serlo, y es más vil, que la de aquellos que siempre han estado contra los principios de la Revolución.
    Admitir que nuestro proyecto no es perfecto, que cometemos errores, que hay uno que otro como Fernando, que nos han representado en algún momento, pero que lo han hecho sin convicción y, en consecuencia, sin ejemplaridad, y quizá viviendo de la Revolución, pero no para ella, desde posturas egocéntricas, no será nunca para mí un motivo de desplazamiento a otra esquina, porque los principios , efectivamente, trascienden a cualquier situación de crisis, a errores, a pecados, tienen que ver con profundidades éticas, con posicionarse o del lado del capital y la propiedad privada o del lado del socialismo y su justicia social.
    Te reitero mi identificación con tus ideas y lucha y mi respeto y admiración por lo que escribes.
    Saludos,
    Teresita Atala

  2. Era sabido que a Fernando Pérez ya no le importa el arte ni el futuro de la juventud en Cuba. Dejo de ser un gran director y pasó a complacer peticiones. Es una pena, para Cuba y para el cine. La suerte que tenemos otros directores de valía. La suerte!.

  3. Es una lástima que un hombre tan lleno de la poética de la imagen, capaz de proyectarla en el hecho concreto de un film, pierda de ese modo el rumbo como ciudadano. Valga, pues, su comentario, muy oportuno y preciso.

  4. Cualquier persona tiene derecho a disentir, lo que no es ético en el caso de Fernando, su oportunismo, porque él cree que nuestra Revolución llegó a su fin y trata de sacar partido

  5. No se donde esta Fernando Perez, pero la realidad es decepcionante que un hombre que se ganó el respeto como artista de está revolución, se vaya por la cloaca de esa manera, eso muestra flata de caracter u oportunismo desmedido. Pero tranquilo, cuando se bajan las ratas el barco queda limpio.

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