Iramís Rosique ha interpelado varias veces a un sector que llama “sectario, dinosaurio, extremista y amante de la mano dura”. Para él, cual monje, existe una pureza de la que se erige guardián, jefe celoso y juez. Sin embargo, él mismo hiperboliza una militancia extremista. Según sus cánones, quien no coincida deberá ser excomulgado, ignorado, borrado del mapa.

Recién, leí sus comentarios en una publicación «crítica», compartida en Facebook, contra la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). De acuerdo con su autor, esta organización padece de oportunismo, machismo, racismo, mediocridad en la calidad de los cuadros, persecución de la diferencia, censura, represión y doble moral entre otros defectos.

Críticas de Perogrullo

Por supuesto que cualquier formación política tiene defectos y padece de insuficiencias, de acuerdo a que está compuesta por humanos, no máquinas. Si ponemos algo tan obvio a un lado, cabe preguntarse: ¿cuál es la historia que avala a Iramís y, en particular, al autor para exponer un discurso totalizador y mediocre en las redes sociales?; ¿a qué balance de opinión se favorece con este gesto?; ¿en qué se beneficia el propio vertebrador del discurso?

El sofismo se estrella contra los hechos

Sabemos que él tildará esta crítica de postura extremista, complaciente con sectores conservadores, de mano dura etcétera. Utiliza estos adjetivos como palabras canceladoras y categorías excluyentes. En ello, se iguala a determinado segmento de la izquierda posmoderna, cuya savia y procedencia, así como las metas que profesa, son de orden neoliberal.

Pero no vamos a entrar en cuestiones teóricas, que no es esa la finalidad. El otro aspecto esencial que resaltamos en los debates de Iramís es la manera prepotente y burda que tiene de incentivar el linchamiento, francamente vulgar.

Mientras juega con el sofismo en sus comentarios, no toma en cuenta que existen muchos jóvenes con una obra política loable. Muchos ocupan puestos claves en tareas productivas y en la lucha contra enfermedades ahora mismo. Incluso algunos participaron en la zonas rojas y expusieron sus vidas. Hoy, cuando arrecian las sanciones, muchos jóvenes se han ido a comunidades rurales, a sembrados, para contribuir con la oleada de trabajos voluntarios que requiere la nación. No debemos olvidar que esa UJC fue la que levantó las Escuelas Secundarias Básicas en el Campo (ESBEC); la que macheteó y guataqueó en la Isla de la Juventud, en los tantos proyectos agrícolas. Se trata de la misma organización que dio el paso al frente en la Guerra de Angola, en nombre de cuya causa muchos ofrecieron su vida y alma.

La socialdemocracia siempre llama dos veces

Por otro lado, ha venido vertebrando una connivencia con cierto representante de un sector socialdemócrata que tuvo un pasado de opositor y que apostó por el derribo del socialismo de Fidel, a raíz de la caída del socialismo en Europa. Mientras que algunos dirigentes le parecen oportunistas, mediocres, no tiene reparos en reivindicar como comunista a Rolando Prats, quien se incorporó hace poco como miembro del grupo La Necedad, en Telegram.

pureza del monje en cuestionamiento
Iramís reivindica a Rolando Prats como comunista en La Necedad, Telegram.

Rolando Prats se proclama comunista, a pesar de su larga data de enemistad a la Revolución, denunciada en Los Disidentes y verificada en una investigación de la Universidad Internacional de la Florida. Esta contó nada menos que con el apoyo del Departamento de Estado (DE) y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). En dicho documento, Prats figura como “opositor» desde la década de los 90.

Prats se destacó como militante de la Corriente Socialista Democrática Cubana, desde la que, acompañado por Elizardo Sánchez Santa Cruz Pacheco, Vladimiro Roca y otros de la misma estirpe, intentaban establecer la Tercera Opción: una apertura política de Cuba a los grupos de oposición; partidos políticos; “respeto a los derechos humanos”; la “democratización del régimen” y la promoción de un diálogo nacional para “resolver” las dificultades.

pureza del monje en evidencia
El agente Miguel menciona a Rolando Prats en el libro Los Disidentes.

Desde aquella fecha, promovía su visión sobre “la presunta inoperancia de las instituciones, y la necesidad de replantear las estructuras y funciones de los órganos del poder político y, en primera instancia, del Partido Único”: un discurso muy parecido a algunos que vemos hoy, desde posiciones presuntamente revolucionarias.

Omisiones que tocan campanas

¿Por qué quienes alborotan sus neuronas ante la supuesta presencia de cuadros oportunistas en organizaciones juveniles omiten estos antecedentes? Deberían tomar en cuenta el pasado, pues con El Camaján y Vladimiro Roca de amigos es muy difícil creer en su militancia comprometida.

Elizardo Sanchez Santa Cruz Pacheco
Portada del libro El Camaján. Crédito: Ecured.

Según esta lógica, compañeros esforzados, cuadros jóvenes, deben ser desplazados, mientras que a personajes con un pasado adverso al proceso revolucionario se les debería otorgar espacios.

Iramís, que no es nadie ni ha hecho nada, es en su mente el dueño de la verdad, el monje radical, el defensor hercúleo de la «verdadera izquierda».

Ante tanta “pureza”, cabe recordar a Guillén el bueno, el nuestro, cuando dijo: «hay muchas cosas puras en el mundo que no son más que pura mierda».

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