En vista del interés creciente por minimizar las acusaciones sobre la naturaleza mercenaria de “la disidencia” en Cuba, es imprescindible ofrecer un modesto argumento a favor de esa caracterización. Existe abundante evidencia contra estos grupúsculos y sus cabecillas, no solo por las canalizaciones de dinero sino porque actúan según los dictados de una agenda hegemónica que atenta contra la soberanía de la nación.

¿Qué motivó que el Departamento de Estado decidiera en el 2009 desechar a la «oposición tradicional» y hornear una generación de nuevos exponentes? ¿Si esta es supuestamente auténtica, bajo cuáles preceptos el Departamento de Estado la dictamina y decide unilateralmente su transformación? ¿Por qué los funcionarios yankis reconocen sus compromisos con la “disidencia” —y así ponen a sus cabecillas a merced del enjuiciamiento moral de las autoridades y pueblo cubanos?

Las claves para responder a estas interrogantes asoman de un suceso de mayo de 2008 que ocasionó graves efectos al Departamento de Estado y a sus funcionarios en la Habana, hasta el punto de verse obligados a cambiarlo todo y acudir a nuevas canteras y “métodos de trabajo”.

Como se sabe, el fomento de los “grupos disidentes” constituye una de las tareas asignadas a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y, antes, a la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) desde el comienzo mismo de la guerra cultural contra los países socialistas y su propia nación, en el contexto del macartismo y los procesos judiciales y “cacerías de brujas” de los años 50 (cuando un actor de películas del oeste lanzó “convincentes testimonios” contra la “deslealtad” de intelectuales norteamericanos). Precisamente, con la administración de Ronald Reagan surgió la célebre Fundación Nacional para la Democracia (NED), institución que heredó el trabajo de la CIA, bajo el principio de la “Negación Plausible”, con el objetivo de subvencionar grupúsculos y ONG en distintos países para subvertir el orden político en cualquier punto del planeta.

El financiamiento a la contrarrevolución ha sido siempre un tema controversial. Por tanto, los mecanismos de canalización de estos fondos se ocultan de mil maneras posibles. Durante los últimos cinco o seis años, Aimel Ríos Wong, Jefe de la Oficina de Programas Cuba —con la sugerencia de algunos cabecillas como Manuel Cuesta Murúa— ha intentado naturalizar y legitimar este asunto. Para ello, se vale de manipulaciones históricas en torno a las recaudaciones por el exilio cubano en apoyo a la lucha insurreccional mambisa y contra la dictadura militar de Fulgencio Batista. La idea es inventar un pretexto que, anclado en la ignorancia de unos pocos, les permita “librarse” del mercenarismo al servicio de Estados Unidos.

Abajo Vladimiro Roca Antúnez y Martha Beatriz Roque Cabelllo Arriba Elizardo Sanchez Santa Cruz Pacheco, Guillermo Fariñas Hernández y Francisco Pastor Chaviano
Abajo: Vladimiro Roca Antúnez y Martha Beatriz Roque Cabello

Un suceso en mayo de 2008, junto a otras causas, determinaron que el Departamento de Estado decidiera barrer con la  disidencia tradicional —construida desde la década de los años 90, según el modelo de Europa del Este y la ex URSS. En esa fecha se hizo público y notorio (algo inexplicable por ellos y debidamente probado por nosotros) que a la casi totalidad de la “disidencia pacífica” en Cuba la financiaban connotados terroristas de Miami. Peor aún, se supo que las partidas de dinero eran trasladadas a Cuba por medio del canal diplomático de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana (SINA) y, alternativamente, por tres de sus principales funcionarios: Michael Parmly, jefe de la SINA; Robert Blau, secretario político de la sede, y Gregory Weigandt, jefe del Área de Cultura y Prensa.

Para los que aseguran que la disidencia no es pagada por el gobierno yanki, estas revelaciones evidencian no solo que el Congreso y el Departamento de Estado financian, sino que sus funcionarios pueden servir de vulgares mulas entre mercenarios internos y terroristas anticubanos de Miami.

Ahora, ¿quiénes cobraban en el país? ¿Quién expide ese dinero en Miami? ¿Cuáles eran los fines? ¿En qué se empleaba ese dinero en territorio nacional? ¿Dónde se entrega en Cuba y en qué lugar se recogía en Miami? ¿Eran operaciones simuladas, encubiertas o los funcionarios y los disidentes actuaban abiertamente?

Excepto el cabecilla Oswaldo Payá Sardiñas y su Movimiento Cristiano de Liberación (MCL), y un reducido número de disidentes —entre ellos, Elizardo Sánchez Santa Cruz Pacheco, “El Camaján”—, el resto recibía el mencionado financiamiento. Las Damas de Blanco en pleno, que eran entonces financiadas por el Directorio Democrático Cubano y el Observatorio Cubano de Derechos Humanos en España, comenzaron a recibir este financiamiento del terrorismo de Miami sin decir una palabra del asunto a sus mentores.

En aquel momento existían dos importantes proyectos opositores, atendidos políticamente por la SINA, el Departamento de Estado y otros aliados de Estados Unidos. Estos eran la Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba y su Agenda para para la Transición Democrática. Ambos engendros funcionan como una concertación de grupúsculos contrarrevolucionarios, pero proyectaban una imagen supuestamente cívica, conciliadora, democrática, centrista, apartada de acciones violentas como medio para cambiar el sistema político cubano, muy similar al discurso actual de los liderzuelos del 2021.

Santiago Álvarez Fernández posing in front of his Santrina
Santiago Álvarez Fernández

¿Quién era el financista de Miami? El célebre Santiago Álvarez Fernández Magriñat, detenido en El Paso tras su apoyo al ingreso ilegal de Posada Carriles a Estados Unidos. También, propietario de un alijo de armas extraordinario, ocupado mediante un registro del Buró Federal de Investigaciones (FBI) en una de sus casas en Miami. Santiago Álvarez no fue procesado por su responsabilidad intelectual y material en una operación marítima dirigida a introducir explosivos al territorio nacional para hacerlos detonar en el Cabaret Tropicana y asesinar a compañeros aquí, en el 2001. Ese tema no se considera importante, a pesar de su circulación por Interpol. Tampoco fue procesado por un ametrallamiento nocturno a un pueblo de la costa norte de la provincia Holguín (de donde procede Yunior y sus hermanos Idael y Wilson García), que ocasionó heridos y la amputación a una niña. Un año antes, el protegido de Fernandez Magriñat, Luis Clemente Posada Carriles, escondido en Estados Unidos después de que aquel lo infiltró ilegalmente en su embarcación “Santrina”, se entregó a las autoridades estadounidenses, según una declaración pública, para no afectar mediáticamente el trabajo de los disidentes en los proyectos antes mencionados, que dirigía la cabecilla Martha Beatriz Roque Cabello.

Michael Parmly posa para una foto con Damas de Blanco
Michael Parmly y Damas de Blanco

En octubre de 2005, Michael Parmly inició su misión diplomática en la SINA como relevo de James Cason, y continuó el apoyo a los dos proyectos de Roque Cabello; pero en septiembre del año siguiente, Martha Beatriz Roque recibe sorpresivamente una propuesta de financiamiento por medio de una mujer de Miami nombrada Carmen Machado, hasta entonces desconocida por todos aquí (era relación extramatrimonial de Santiago Álvarez, quien era procesado en ese momento en El Paso).

¿Qué se traían entre manos estos gusanos, asesinos y mafiosos? Santiago Álvarez creyó que presentando avales de “buena conducta” al Juez que lleva su caso podía conseguir que se anulara el proceso en su contra y orientó a Carmen Machado a ponerse en contacto con la principal figura de la disidencia en la isla: Martha Beatriz Roque Cabello. En septiembre de 2006, durante la primera conversación entre Carmen Machado y la cabecilla Martha Beatriz Roque, se acordó que la lideresa disidente comenzaría a recibir 2 mil 500 dólares mensuales a cambio de enviar, desde la SINA, un documento al Juez J. Cohn que explicara cómo el terrorista apoyaba acciones pacíficas en el país. Desde esa fecha hasta mayo del 2008 (dos años) —cuando se realiza una denuncia por las autoridades cubanas que detiene todo— hubo un permanente trasiego de dinero para sufragar actividades enemigas en el territorio nacional: una escandalosa conexión del Departamento de Estado con el terrorismo anticubano.

Carmen Machado, contacto de Santiago Álvarez para facilitar dinero a disidencia en Cuba por medio de Martha Beatriz Roque Cabello
Carmen Machado

¿Cómo se involucran los funcionarios de la SINA? En sus viajes de trabajo o descanso a Estados Unidos sostenían contactos con dos sobrinos de la cabecilla residentes en Miami, María de los Ángeles Falcón Cabello y Juan Carlos Fuentes Amaya. Ambos recibían el dinero de Carmen Machado y luego lo entregaban a los funcionarios durante el tránsito que, de regreso a La Habana, hacían por Miami. El primero en aceptar el papel de mula para el trasiego financiero fue el propio Michael Parmly, quien involucra a los restantes dos.

Con apego a una postura propia de las bandas que abundaban durante la ley seca en Estados Unidos, Roque Cabello chantajea a Santiago Álvarez y le exige más dinero para sus allegados más íntimos: René Gómez Manzano, Feliz Bonne Carcasses, Jorge Luis García Antúnez y la nomenclatura completa de las Damas de Blanco. Debido al impacto del escándalo se adoptaron acciones para reajustar los métodos de atención y vínculos del Departamento de Estado hacia los mafiosos internos. Pese a ello, cuatro años después, Roque Cabello protagoniza una falsa huelga de hambre que conquista nuevamente la solidaridad de los funcionarios de la SINA y la prensa contrarrevolucionaria de Miami. Con esta acción, le pone la tapa al pomo y agota la paciencia del Departamento de Estado.

Ese mismo año de 2008, Michael Parmly es sustituido por Jonathan Farrar como Jefe de la SINA, quien hace una evaluación muy negativa (objetiva) de la disidencia anticubana y se plantea la necesidad de reclutar nuevos actores dentro de la intelectualidad, artistas escénicos, jóvenes, blogueros, periodistas, etcétera. En la actualidad, somos testigos de los resultados de esos cambios.  En un informe de abril de 2009, dirigido al Departamento de Estado y la CIA, el jefe de la SINA expresó: “Los disidentes forman un movimiento tan viejo y desconectado de la vida cotidiana de los cubanos como el propio gobierno (…) no encuentran eco entre los cubanos medios. Sin embargo, serían la conciencia de Cuba y merecen el apoyo de Estados Unidos”.

Jonathan Farrar, jefe de la SINA que sustituye a Michael Parmly. Propone un cambio de image para la disidencia en Cuba
Jonathan D. Farrar

Un cable del 20 de diciembre de 2009 subraya: “los blogueros representan una amenaza mucho más seria para el gobierno cubano. Estados Unidos considera que la denuncia de las detenciones y los malos tratos padecidos por los periodistas ciudadanos cubanos es una preciosa herramienta política porque representan un grupo que frustra y asusta al gobierno cubano como ningún otro antes” (…) “La popularidad de los blogueros, que crece como las setas, y la ventaja que llevan a las autoridades en materia de avances tecnológicos, hacen mucho daño al régimen” (…) “Creemos que la joven generación de disidentes ‘no tradicionales’ tiene muchas posibilidades de tener un impacto importante, a largo plazo, en una Cuba post-Castro”. Y concluye: “Los jóvenes, de los que forman parte los blogueros, (…) son mejores que los disidentes tradicionales a la hora de adoptar posturas ‘contestatarias’ con un gran poder de atracción sobre la población”.

¿No se parece esto a lo que se intenta hoy? En las siguientes entradas abordaremos cómo se ha actuado en los siguientes años, su entramado, los actores, y otros datos interesantes que verifican, una vez más, que la “oposición cubana” es resultado de la política estadounidense hacia Cuba.

Ah! William Burns, Jefe de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, encargada de los talleres “Diálogos sobre Cuba” a los que asistió el “líder” Yunior García Aguilera, era un ferviente defensor de las Damas de Blanco en el 2009, como lo evidencian sus declaraciones públicas. Hoy este funcionario diplomático ha sido nombrado Director General de la CIA.

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